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La rula de Avilés, pionera en su sector en España en comenzar a medir la huella de carbono de su actividad

La emisión anual de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera de la actividad pesquera vinculada a la lonja es equivalente a la que deja un avión en cinco días de vuelos

¿Cuánto dióxido de carbono ha sido necesario emitir a la atmósfera para poder poner en el plato una ración de merluza? La rula de Avilés lo ha calculado: aproximadamente, 0,92 gramos de CO2 por cada gramo de pescado que se lleve a la boca. De este modo, los consumidores de productos frescos pesqueros que han sido comercializados en la lonja de Avilés, la mayor de Asturias y una de las de referencia dentro de la cornisa Cantábrica, tendrá a partir de ahora un nuevo dato del impacto ambiental de su consumo. La iniciativa de medir la huella de carbono de la actividad de Nueva Rula de Avilés ha partido del equipo directivo que lidera Ramón Álvarez y en pocos días se podrá consultar, como mínimo, en la página web de la entidad.

Con este cálculo de la huella de carbono, la rula de Avilés se convierte en la primera en España que asume el compromiso de conocer su contribución al cambio climático (directamente relacionado con el exceso de emisiones de CO2 a la atmósfera), además de adquirir herramientas para su evaluación continua y, en la medida de lo posible, minimizar la generación de este gas contaminante. La materialización más visible de este empeño es la consecución de la etiqueta ISO 14064, concebida para especificar los principios y requisitos para la cuantificación y el informe de emisiones y remociones de gases de efecto invernadero (GEI) en el ámbito de cualquier organización. Además, incluye requisitos para el diseño, el desarrollo, la gestión, y la verificación del inventario de GEI de la entidad que la consigue.

La huella de carbono de la rula de Avilés

Las emisiones totales de CO2 a la atmósfera vinculadas a la actividad de la lonja pesquera de Avilés son de 12.962 toneladas al año.

Esta cifra incluye las emisiones propias del funcionamiento de las instalaciones y las generadas por los barcos en las labores de pesca.

Esas toneladas anuales de CO2 son equivalentes a:

Las emisiones que realiza un avión comercial tipo Boeing en cinco días de vuelos

Las emisiones asociadas a la apertura e iluminación de un estadio de fútbol como el Santiago Bernabéu en la primera parte de un partido

Las emisiones derivadas del gasto eléctrico de un tren de alta velocidad durante

cinco meses circulando.

Cada vez son más la empresas, instituciones y entidades de todo tipo que se ocupan de hacer el cálculo de la huella de carbono, lo que no deja de ser una consecuencia de la presión legislativa que emana de Europa y también una forma de alineamiento de las organizaciones con el compromiso de la sostenibilidad, sin obviar que la responsabilización en materia de emisiones también constituye una potente herramienta de marketing. Desde la rula de Avilés, el director adjunto de la entidad, Mario Pidal, y el gerente, Ramón Álvarez, explican que el proyecto que ha llevado a medir la huella de carbono es fruto “de la coherencia”: “Esta sociedad lleva una década abanderando políticas y estrategias que nos diferencian en materia de eficiencia energética, calidad alimentaria y sostenibilidad ambiental de nuestros procesos. Embarcanos en el reto de la descarbonización era un paso lógico que teníamos que dar”. Y lo han dado.

Buena parte del trabajo realizado para computar las emisiones de de CO2 asociadas a la comercialización de pesca fresca ha recaído sobre la espalda de Ángel Muñoz Menéndez, director técnico de Nueva Rula de Avilés y la persona que con ayuda de tablas y calculadora calculó cuánto CO2 de genera por la pesca, transporte y venta de pescado. “El primer eslabón analizado han sido los barcos que trajeron pescado a nuestras instalaciones en 2022, en función del tipo de arte y sus potencias. También consideramos aquellos casos en los que el pescado ha llegado en camión dado que los desembarcos se hicieron en otros puertos. El tercer factor considerado han sido las propias instalaciones de la lonja, incluida la fábrica de hielo, las cámaras frigoríficas y demás dependencias logísticas y administrativas. De este modo llegamos a un número de toneladas equivalente de CO2 emitidas por tonelada de pescado salido de nuestras instalaciones al mercado”, detalla el técnico.

El consumo de la proteína de pescado tiene una huella de carbono inferior a las de otras proteínas animales

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La cifra total obtenida para el año 2022 es de 12.962 toneladas de CO2 equivalente, lo que habida cuenta de que la rula comercializó 14.044 toneladas de pescado ese año arroja un ratio de 0,92. Según explica el Ministerio de Transición Ecológica en términos gráficos, una tonelada de CO2 equivale al volumen de una piscina de aproximadamente 10 metros de ancho, 25 de largo y 2 metros de profundidad.

A partir del conocimiento adquirido en materia de huella de carbono por la rula de Avilés, se pueden empezar a hacer comparativas. Por ejemplo, que si para producir un kilo de pescado salvaje se genera menos de un kilo de CO2, la cifra se dispara a trece kilos de CO2 para producir un kilo de carne de vacuno. Este contraste era esperado; un estudio de 2021 de la Universidad de Washington rubricado por un equipo de once científicos de Estados Unidos, Sudáfrica, Japón, Namibia, Argentina y Chile y dado a conocer en España por la patronal pesquera Cepesca ya apuntaba al menor impacto medioambiental de la producción pesquera, demostrando que el consumo de la proteína de pescado tiene una huella de carbono inferior a las de otras proteínas animales. Concretamente, y según ese estudio, 40 gramos de pescado blanco y pelágico (especies que viven cerca de la superficie) tienen una huella de carbono inferior a un kilo frente a los 20 kilos de huella media de la misma cantidad de otros tipos de proteína animalConsulta aquí todas las noticias de Avilés

También es posible hacer otras extrapolaciones, algunas ciertamente asombrosas y que invitan a reflexionar sobre la problemática de la descarbonización del planeta: la generación anual de dióxido de carbono de la rula de Avilés es la misma que produce una avión comercial tipo Boeing volando durante cinco días o la del estadio de fútbol Santiago Bernabéu durante la primera parte de un partido oficial disputado en horario nocturno. Los rectores de Nueva Rula de Avilés redundan en los beneficios del consumo de pescado fresco más allá de su valor nutricional y sostenibilidad añadiendo ahora –y así se hará constar en las futuras campanas de promoción– el dato contrastado de la baja huella de carbono. Asimismo, adquieren el compromiso de reducir ese impacto, si bien advierten de un importante escollo: “De puertas adentro el margen de maniobra ya es poco porque la rula de Avilés lleva años trabajando con criterios de eficiencia energética que han minimizado el consumo de energía; el meollo está en los barcos y en el proceso pendiente de descarbonización de la flota. Y ahí la rula, lógicamente, no deja de ser un mero observador”.

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