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La merluza se hace capital en Avilés

Alejandro Villa, del Pandora, apuesta por el pescado de la rula local para sus elaboradas creaciones culinarias

Noé Menéndez  

“La buena merluza y la rula de Avilés van unidas. Pero no solo la merluza, aquí se pueden obtener pescados de mucha calidad y muy variados”. El que habla es una voz más que autorizada. Alejandro Villa, chef del restaurante avilesino El Café de Pandora, realizó ayer un “show-cooking” en Salenor en el que buscó poner en valor los productos que se rulan en Avilés, con tres creaciones que dejaron un buen sabor de boca entre el más de medio centenar de espectadores que le observaban su trabajo. Merluza, pixín negro y golondru, los tres pescados tenían algo en común: se pueden conseguir en Avilés y, tras pasar por las manos del joven cocinero, se convirtieron en una auténtica obra de arte.

“La rula funciona razonablemente bien porque detrás hay un equipo humano muy motivado que hace las cosas bien”, señaló durante su intervención Santiago Rodríguez Vega, presidente de la sociedad Nueva Rula de Avilés. Por su parte, Ángel Muñoz, director técnico, destaco el valor del pescado como un “alimento seguro” y explicó que están trabajando para mejorar su huella de carbono. “Nuestro producto estrella es la merluza, pero debemos aprovechar las etapas de los pescados. Tenemos la suerte de tener una gran riqueza en nuestras aguas”, señaló. También habló de la marca “Pescado de confianza”, marca que persigue poner en valor el “conjunto de buenas prácticas de los pescadores y que es un producto de cercanía, tratado de manera cuidadosa”. La prueba de la calidad de esos productos se encargó de realizarla Villa. El avilesino, una de las grandes promesas de los fogones a nivel nacional arrancó su exhibición con una merluza al pilpil.

“Es un pescado que, bien cocinado, puede ser mucho mejor que una lubina”, apuntó el chef, que durante la más de una hora que estuvo en la cocina apostó por preparar los tres platos con tres técnicas diferentes. Tras la merluza llegó el turno del pixín negro, que lo realizó braseado y acompañado de una patata granillé y lechuga licuada. Por último, optó por el golondru, con el que hizo un plato de cuchara. “Cuando voy a un sitio y quiero ver si cocinan bien de verdad, pruebo los platos que tiene de cuchara. Ahí es donde se marca la diferencia”, sentenció.

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